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miércoles, 11 de abril de 2012

Contra el matadero



La rapiña dejada por las guerras.
El clamor de infantes,
transformados en lodo.
El fango les tapa la boca,
los dientes arrancados
por el acero.
La enseñanza de la Noche
queda cautiva en los anaqueles
de los bancos.
La sabiduría burlada de la Tierra.
El aullido y la furia
estallan.
El conocimiento negado
por el mercado,
por la civilización impuesta
del dinero,
de la empresa.
La sala de clases
se vuelve
presidio.
Los ministerios de la lobotomía
enseñan a contar
los productos de la tienda,
las muertes sin par
que la educación
hecha campo de concentración
ha incrustado en los corazones
cautivos en los nichos de los liceos,
donde, también, los clérigos
violaron toda fe
atravesando con crucifijos
las virginales mentes que, confiadas,
esperaban crecer en un mundo
pleno de libertad, amor y colectividad.

Las primeras grandes enfermedades
surgen
en las aulas cancerosas
de los colegios de hediondo tufo,
donde se incita a cumplir
las directrices del egoísmo y la violencia.

El sistema educacional
aparece
como el verdugo y el maestro
de futuros verdugos,
maestros en la tortura,
en la violación,
en el engaño constitucional.

Tanta de esa mierda se ha ido acabando, porque
contra el matadero se lanzan,
liberando a la verdad y a la muerte
de las jaulas del inerte estado,
los corazones salvajes
que se remueven la pesadilla
enceguecedora
con la que han especulado
en la Bolsa
los funcionarios de la avaricia.
Se arrojan a las calles moribundas,
estremecen al mundo,
despiertan a sordos y a mudos,
las almas iracundas.
Todo por doquier se levanta,
ya no hay miedo institucionalizado
al terror bendecido por las Catedrales,
al hambre votada en el Congreso,
a las torturas legitimadas por el Parlamento.

¡No creáis que son animales indefensos
ni cachorros necesitados de limosnas!

Ya no hay cabida
para sojuzgar,
para enaltecer la esclavitud
cicatrizada en los pizarrones
de la mente liberada,
guerrera, fuerte del estudiantado.
Valiente, no deja caídos en el campo
ni huye ante el mazo de la violencia,
protectora de la educación del sexo a golpes,
de las mentiras,
de las múltiples excusas
dadas a diario
por las vocerías de gobierno,
enriquecidas con sangre,
desgarros,
dolor y exclusión.

¡Qué se estremezca el planeta!

El fin del juego está próximo.
Estudiantes del mundo
encaran a agentes de la DINA
engordados en alcaldías,
a economistas rastreros de dictadores.
El fin del juego es ahora,
el futuro es ahora.
Estudiantes del mundo
construir, no es reformar lo ya podrido;
el cadáver del sistema
es un vampiro que se alimenta a diario
de vuestras esperanzas rotas.
Sólo queda destruir el vicio del mercado,
para avanzar, libres al fin, hacia
el aprendizaje y la enseñanza
de la vorágine de la vida.

Destruir sin temer
la explosiva humareda
que envuelve en fuego
la ciudad dormida.
Destruir con trabajo libertario
que se hunda en la tierra
y en los campamentos proletarios
llevando la biblioteca liberada
y la enseñanza sin clases
de todos quienes tengan algo que decir,
algo que dar y recibir.
Sin menoscabo, sin menosprecio,
sin la indigna soberbia dada por el lujo
y el dinero.
Educación libre, ni estatal ni privada,
brota de las manos laboriosas
de todas las estudiantes cansadas
de ser el fetiche de una publicidad
de mierda o de desodorante,
la misma basura con otras moscas.
Cansadas, construyen nuevos modelos
educativos,
donde el conocimiento no sea un privilegio,
ni la sabiduría una cárcel de totalitaria
ideología.
Los estudiantes no están agotados,
ni cansados, están furiosos.
Su furia es la revuelta,
la fértil revuelta que incita a alzarse,
a sacudirse el polvo de los años,
para lanzarse en picada a las calles,
no para exigir, sino que para avanzar,
avanzar hacia la construcción propia
de la vida, una vida que por fin rompa
las amarras del mercado, una vida,
una vida real, verdadera, no la mierda
impostada por los colegios de la dictadura,
cuando todo era temor y vacío.
Eso se acabó.
Ahora, no hay temor, sólo coraje.
Ahora hay deseos de vivir, de ser libres,
de sacudirse de las mentiras
y amar, por fin, amar.
Dejar la cárcel,
el presidio,
el campo de concentración
y hacer de la escuela
un huerto, una comunidad fraterna,
una sala de ensayos, donde la música
sea matemática
y la poesía esté junto a la ciencia,
donde realmente hayan maestros,
construidos por el afecto y el respeto,
y no por la ejecución de piruetas agresivas.
La Tierra se sacude,
la humanidad se sacude,
no hay cambios radicales, sin decisiones
radicales.
Ya es tiempo de vivir
y eso, eso es lo que se ve en la protesta,
en el amor puesto en la lucha,
en la furia frente a la injusticia.





                                                                     Desdémona Malatesta 

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